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–Editorial–

Por Wenceslao Uc (*)

En Yucatán han incrementado grandemente los homicidios. Según datos del INEGI, en 1990 (Víctor Manzanilla Schaffer) hubo 62 asesinatos dolosos; diez años después, en 2000 (Víctor Cervera Pacheco), hubo 42. Para 2010 (Ivonne Ortega Pacheco) se reportaron 34 y en 2020 hubo 72 (Mauricio Vila Dosal), es decir, un homicidio cada cinco días: el año el más violento en la historia de Yucatán.

(De 2021 aún no se tienen los datos disponibles en lo que va del año, pero los reportes en PRESIDIO muestran una situación alarmante).

Con este panorama, la administración e impartición de la justicia yucateca han quedado al desnudo con el caso “José Eduardo”, un joven veracruzano que llegó al estado en busca de oportunidades laborales. Con apenas 23 años de edad, fue asesinado a golpes y violado, según la denuncia interpuesta ante el Ministerio Público.

El caso del veracruzano ha dado la vuelta al país –con tintes internacionales (https://elpais.com/mexico/2021-08-27/el-caso-ravelo-retoma-el-debate-sobre-la-violencia-policial-en-mexico.html)– como un abuso de autoridad y de poder ante gobiernos panistas en “el estado más seguro”.

Esta falta de sensibilización, costumbre en gobiernos autoritarios y fascistas, se ha hecho presente desde el inicio de la actual administración.

El caso del veracruzano se ha vuelto de interés nacional y los medios de comunicación nacionales más importantes le han dado seguimiento, posicionando a la entidad yucateca como un lugar de arbitrariedades y con gobernantes soberbios, no como el destino turístico pacífico y tranquilo. Estoy seguro de que no es la imagen por la que Mauricio Vila paga cada año millones de pesos.

Intentaré hacer una breve cronología sobre los acontecimientos de este caso y espero no errar en fechas, ya que hay mucha información y no toda es consistente:

El 21 de julio, la Policía Municipal de Mérida detuvo a José Eduardo por equis motivo; fue maltratado y encarcelado por elementos de dicha corporación policiaca. Sin embargo, las acusaciones de que fue golpeado y violado están en la denuncia interpuesta en el Ministerio Público, aderezada con vídeos filtrados por la Fiscalía estatal en redes sociales que muestran el patio de la comandancia, donde se aprecian jaloneos y golpes en contra del joven.

También se muestra el momento al llevarlo a su celda, arrastrado, con un short o bóxer. Un policía acomoda el cuerpo del joven de costado, al parecer para evitar su muerte por broncoaspiración (si el joven vomitara –dado su presunto grado de intoxicación- se podía ahogar y morir).

También en el video se logran ver hematomas o moretones en varias partes del cuerpo (existe una versión de que el joven fue golpeado previamente al asistir a una fiesta en Kanasín).

El 22 de julio fue liberado de la cárcel municipal y, mediante los videos filtrados por la Fiscalía estatal, se aprecia una dificultad para caminar del veracruzano.

Entre el 22 y 23 de julio José Eduardo se comunica con familiares de su estado natal y su mamá viaja a Mérida el día 24. Ella lo acompaña a interponer la denuncia ante la Fiscalía General del Estado. Después de valorarlo el médico legista, personal de la dependencia recomendó llevarlo a un hospital, ya que su estado era grave.

El veracruzano fue trasladado en ambulancia al Hospital General “Agustín O’Horán”, que es considerado uno de los “mejores hospitales de México por su excelencia constante”, según una firma mundial de investigación de datos llamada Statista Inc (publicado en medios de comunicación el 9 de marzo del 2021, con publicidad pagada por Vila).

Al ingresarlo al O’Horán hubo acciones de negligencia del personal de salud que no están muy claras y que tampoco fueron investigadas por la Fiscalía yucateca.

Lamentablemente, José Eduardo Ravelo falleció el 3 de agosto. Al día siguiente la noticia se dio a conocer a través de PRESIDIO (https://www.facebook.com/PresidioOnline/videos/501750580893713) y luego hicieron eco otros medios de comunicación al “viralizarse”.

La madre de José Eduardo hizo la denuncia en la red social culpando a los policías, pero ninguna autoridad hizo caso, sino hasta que llevó el ataúd al Palacio de Gobierno.

Entonces la historia dio una vuelta de 180 grados, las autoridades brillaron por su ausencia y el abogado defensor del veracruzano, quien vendió los servicios funerarios, acaparó los reflectores, pero no supo manejarse y lo sacaron de la “jugada” mediática.

La sociedad enardeció por la falta de respuesta de los gobernantes. Era increíble ver cómo una madre paseaba por el Centro Histórico de la ciudad de Mérida con el ataúd de su hijo.

Al día siguiente de haberse manifestado, el alcalde Renán Barrera se reunió con la madre y el abogado, quien maliciosamente declaró que le ofreció 2.5 millones de pesos para silenciarla, pero fue la propia señora que al día siguiente lo desmintió ante las cámaras tras haberse reunido con Mauricio Vila.

El gobernador, después de haber escuchado rumores de que la reunión con Renán fue “áspera y hostil”, según palabras del abogado, optó por comportarse “conciliador, empático y sensible”.

Entre tantas especulaciones, el único hecho real es que hasta el momento no hay algún responsable tras las rejas. A la vista de los ciudadanos, este hecho lleva dos meses sin resolverse, habiendo tantas cámaras en vías públicas, tantos testigos y tanto presupuesto para la seguridad.

¿Qué pasa con las autoridades locales que no tuvieron la capacidad de resolver un caso tan trascendental? ¿O sólo la burguesía y el norte de la ciudad tienen derecho a la justicia pronta y expedita?

¿Realmente vivimos en el estado más seguro del país? ¿Han servido de algo las fuertes inversiones en materia de seguridad? ¿Qué está pasando con la entrada de nuevas drogas al estado?

No creo que vivamos en el estado más seguro. Hoy en día es más frecuente escuchar sobre algún asesinato. Y mucho más frecuente saber de algún suicidio, asaltos y violencia.

Yucatán no sólo es Mérida: tiene otros 105 municipios y, con el paso de los años, va en aumento la violencia e inseguridad. Es la entidad donde reinan los abusos de autoridad, cada día más frecuentes.

A mí no se me ha olvidado la lata de gas lacrimógeno que aventaron los granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) en el primer informe de gobierno de Mauricio Vila.

Tampoco se me olvida la represión de porros priistas contra panistas cuando se construyó el “paso deprimido”.

Hoy en día también he sido detenido, sin orden y sin flagrancia, por agentes de la SSP por el simple hecho de las “modificaciones” a la Ley de Seguridad. Me vieron “sospechoso” y eso es motivo suficiente para que te revisen, en algunos casos con golpes o pérdidas de pertenencias. Hoy, cuando veo a una patrulla acercándose, no sé qué pensar.

Como dije al principio, en este último año han ido en incremento los homicidios dolosos. Sin embargo, la justicia es únicamente para la burguesía y la elite social: hace unos días se descubrió un cuerpo en montes de Sierra Papacal. Era de un ex directivo de Grupo Radio Fórmula nacional y bastaron 2 días para que se “resolviera” y se presumiera que fue su chofer quien le quitó la vida. A eso se llama “justica pronta y expedita”.

La última pregunta que me hago la tendría que responder el Comisario Luis Felipe Saidén Ojeda, si vale la pena tolerar que se envenene a los yucatecos con “cristal”, droga diez veces más adictiva que la cocaína y que está inundando nuestro estado y siendo causa de muchos suicidios en jóvenes.

Como conclusión sólo puede analizarse tristemente el dato duro de que en los últimos 10 años ha aumentado en 100% el número de asesinatos en Yucatán y que la sociedad podría empezar a “normalizar” este tipo de eventos.

Pero, qué más da el caso José Eduardo, si pronto tendremos un “Estadio Sustentable”.

*) Licenciado en Ciencias Políticas, Maestro en Ingeniería Financiera y Diplomado en Diseño de Encuestas y Análisis Estadístico, con experiencia laboral en la Coparmex, el IPEPAC y diferentes oficinas del Gobierno del Estado

 

N. de la R.: El contenido del presente artículo es una opinión personal del colaborador, que asume la responsabilidad de sus escritos, y no necesariamente representa la visión de PRESIDIO.