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El agente de la Unidad Antisecuestros de la SSP, José Antonio Rodríguez Basto, continúa recuperándose de un disparo en la cara que recibió de un sicario enviado a Yucatán.
El policía de 45 años de edad se encuentra abandonado y sin apoyo suficiente del Gobierno después de que Mauricio Vila Dosal acudió a tomarse la foto en el hospital y la difundió en sus redes sociales.
Así lo han manifestado familiares y compañeros del agente Rodríguez Basto, quien afronta cuadros de depresión y secuelas físicas y psicológicas tras los hechos ocurridos el 13 de noviembre pasado.
Ese día informamos que sicarios tabasqueños pusieron un “cuatro” a la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán y ejecutaron a uno de sus elementos, metros antes del Complejo de Seguridad del Periférico de Mérida.
El agente de la Policía Estatal Investigadora (PEI) perteneciente a la SSP, Felipe Neri Blanco Méndez, de 32 años de edad, fue ejecutado de un balazo mientras manejaba una unidad oficial con el sicario a bordo.
El asesino luego intentó matar a su compañero Rodríguez Basto, quien al esquivar el ataque recibió el disparo en la cara. Tras ello, el auto se estrelló.

El gobernador Mauricio Vila Dosal, que estaba de viaje, regresó ese mismo día a la entidad y visitó en el hospital al agente herido, con quien se tomó la foto junto a la cama del hospital.
El empresario panista –que hoy se encuentra en París, después de estar en Madrid, España, escribió en su Facebook que “Tanto a él como a toda la corporación de la SSP les reitero mi más alto compromiso y el reconocimiento de mi gobierno”.

Al agente lesionado no le han canalizado los recursos y apoyos necesarios. Recientemente le prolongaron su incapacidad por otros 28 días y continúan realizándole estudios.
“Siguen pagándole su salario, pero económicamente su familia está mal”, señalaron las fuentes a PRESIDIO.
Indicaron que el policía ha requerido otro tipo de tratamientos, que son costosos y que tiene que solventar, porque “está traumado, no duerme, habla con trabajo, tiene temor y está muy estresado”.
Debido a que le estalló el disparo en el oído (la bala entró por la mejilla y salió por la boca), experimenta un zumbido que no lo deja en paz y cuando se estresa le aumenta el sonido.
Allegados al círculo familiar expusieron que tiene fuertes cuadros de depresión y a veces lo vence el llanto. “De repente regresa a lo que vivió”.
No está trabajando y está en espera de que le pidan reincorporarse a sus labores, pues ningún mando lo ha visitado, ni le han llamado. “Vive con esa incertidumbre y ansiedad”.
Definitivamente va a tener secuelas de por vida, pero no lo quieren pensionar, señalaron los informantes de PRESIDIO, quienes criticaron que “Vila sólo fue a tomarse la foto con él y lo dejó a su suerte”.
Recordaron que Rodríguez Basto era un agente que casi no salía del edificio de la Unidad Antisecuestros donde estaba asignado. Sin embargo, el día anterior “le tocó” salir a la calle para vigilancia.
“Estaba junto con Felipón (el policía asesinado) trabajando en la feria de X’matkuil cuando recibieron el aviso para prestar auxilio a una familia supuestamente amenazada de secuestro”.
“Estuvo en el lugar y momento menos indicado”, coincidieron al afirmar que la ejecución del elemento de la SSP tenía un mensaje dirigido a su titular, Luis Felipe Saidén Ojeda.

“Saidén ya sabía que algo iba a pasar; está amenazado y sentenciado por los carteles de la droga. Suenan fuerte esos rumores en la corporación”.
Las fuentes internas de la SSP advirtieron que “el Estado se encuentra en una situación delicada de seguridad y en cualquier momento se romperá esa tranquilidad para nunca volver a ser el mismo”.
Aunque las autoridades lo negaron, sí fue obra de sicarios el ataque, subrayaron.
En los últimos meses, a partir de la ejecución, la Policía Estatal se encuentra en alerta y sus agentes atentos a cualquier desconocido que se acerque demasiado a sus unidades.

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