


Devoto de la Virgen de Guadalupe, de historial policial limpio y una persona honesta y amable para quienes le rodeaban es como será recordado el agente ministerial Felipe Blanco Méndez, de 32 años de edad, quien ayer fue abatido de un balazo en la cabeza por un tabasqueño.
“La mafia del crimen organizado en la Península se llevó a un excelente elemento, amigo y deportista”, señalaron compañeros del policía que fue asesinado cuando cumplía sus funciones del trabajo.
Su asesinato ocurrió a las 7 de la mañana, cuando le faltaban dos horas para salir franco de sus labores policiales. En estos momentos se realiza su sepelio en el cementerio Xoclán.
Su compañero José Antonio Rodríguez Basto, de 45 años de edad, resultó herido con arma de fuego en la cara y se recupera en el Centro Médico de las Américas, donde ayer fue visitado por el gobernador Mauricio Vila.
Rodríguez Basto es jefe de grupo de la unidad antisecuestro, casado, con dos hijos.
“Felipón”, como le decían a Blanco Méndez en la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS), estaba entusiasmado porque este sábado cumpliría su primer año de casado.
Aún no tenía hijos, comentaron, porque consideraba que no era momento; quería disfrutar su matrimonio y consolidar su carrera en el servicio público, para lo cual seguía preparándose porque tenía planes de crecimiento profesional.
El agente formó parte del cuerpo de élite Escuadrón Táctico de Reacción Inmediata (ETRI), que en 2014 creó la entonces fiscal Celia Rivas Rodríguez, pero que fue disuelto al ser absorbido por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) a cargo de Luis Felipe Saidén Ojeda.

En redes sociales circuló una versión de que el tabasqueño era un supuesto empresario que huía de Quintana Roo y los elementos de la PEI que fueron en su auxilio intentaron asaltarlo porque llevaba casi 90 mil pesos en efectivo, de modo que “se defendió” con el arma.
“Han atacado el honor y el nombre de un gran ser humano, noble, servicial, humilde”, dijeron sus compañeros, que consideran que Felipe estuvo en el lugar y momento equivocados, ya que “era el policía más feliz de realizar su trabajo, disciplinado y respetuoso”.
Apenas tenía un año en la unidad antisecuestro, donde la mayoría de los agentes son licenciados en Derecho con maestría.
Sus vecinos de la colonia Bojórquez, donde vivió antes de casarse, coincidieron que era “una persona honesta, de buen corazón”.

Resaltaron que Felipe era devoto de la Guadalupana y cada diciembre corría en honor a la Virgen.
A su velorio anoche en la funeraria “Perches” acudieron corredores antorchistas, numerosos policías y enfermeras, que son compañeras de trabajo de su madre.
También estuvieron casi todos los agentes de la FGE y varios comandantes de la SSP para darle el último adiós.
A los integrantes de la agrupación “Luz de Guadalupe” se les permitió hacer guardia junto a su féretro.
Al titular de la SSP no se le vio en el funeral, al menos hasta la 1:30 de la madrugada, cuando la mayoría se retiró.
El asesino del policía fue identificado como Angel González Kob, originario de Tabasco y presuntamente avecindado en Quintana Roo.
Continúa detenido en la Fiscalía General del Estado, donde ya rindió declaración y continúan las investigaciones sobre su procedencia y nexos con el crimen organizado.
El tabasqueño se transportaba en una camioneta Nissan Xtrail, con placas URJ-284-F de Quintana Roo, la cual dejó abandonada en Ticul.

Ha sostenido que huía de Quintana Roo, pero su vehículo lo abandonó en dicho municipio yucateco, que se encuentra más próximo al estado de Campeche.
El titular de la SSP no ha hecho declaraciones al respecto. Sólo mencionó hoy, en un evento de entrega de equipo, que desea pronta recuperación al compañero herido.
En su discurso en la ceremonia evitó referirse al agente fallecido y sostuvo que “no tenemos en la entidad delitos de alto impacto”.