Al bajar las aguas en torno al caso del catalán-mexicano Joan S.M., las partes acordaron suspender el proceso penal que se instruía en su contra.
Los cargos eran por daño en propiedad ajena (2), amenazas e injurias, por el término de seis meses y se resolvió mediante un “acuerdo económico”, para que este martes el imputado abandone el penal de Mérida.
La Juez de Control Jazmín Ojeda Alayón no tuvo de otra que acceder a lo que los abogados de ambas partes acordaron.
Por un lado, la licenciada del sujeto, Luisa Patricia Castro Puerto, y un joven que fungió como representante jurídico de la agraviada y el propietario del negocio afectado, Ruth E.M.P. y Alexis M.V.B.P., este último de origen alemán.
Trascendió que a la joven se le dio, antes de la audiencia, la cantidad de 8 mil pesos y al propietario 13 mil pesos, para empezar a parar el problema.
Cabe mencionar que, en un principio, los agraviados pedían la suma de 250 mil pesos para darse por reparados de los daños económicos y psicológicos, cuando el monto de los desperfectos fue estimado en 1,180 pesos.
Es por eso que se modificó la medida cautelar en contra del catalán-mexicano, que ahora no tendrá que acercarse a la víctima y al lugar de los hechos.
Asimismo, no podrá salir del país, entregará los pasaportes de ambas naciones y se someterá a tratamiento psicológico. Todo lo anterior, por seis meses.

Es de recordar que este sujeto, el 25 de febrero, aproximadamente a las 6:50 horas, ingresó al predio número 526-B de la calle 73 entre 62 y 64 del Centro, lugar donde funciona una cafetería denominada «Café Lavé», que a esas horas aún no estaba abierta al público.
Sin embargo, ahí estaba la empleada de nombre Ruth E.M.P. preparándose para iniciar las labores del día, a las 7:00 horas.
Es el caso que Joan al ver a la querellante le dijo:
“La música está muy alta, soy terapeuta, ayudo a las mujeres, yo hago cosas por el país. Tú eres una inútil, haces café de mierda, sólo limpias meados. Estoy harto de ustedes, voy a aventar por el patio fuego, agua, voy hacer que los demanden los comensales y si le dices a la policía voy a ingresar con un cuchillo a la cafetería y a la galería y voy a romper todo”.
“A ti te puedo hacer cosas y nadie se va enterar, si le avisas a la policía, conozco gente de Kanasín y Umán que te pueden cortar el cuello”.
“Yo pido respeto, tú me respetas y yo te respeto, pero no música alta, no”.
Como la querellante no le decía nada, el sujeto continuó: «Música alta, yo hago cosas por el país».
Acto seguido, agarró de una mesa un servilletero, lo aventó al piso y regresó a la barra y dijo: “Música baja, no me chingues».
Luego agarró el bolso de la querellante y lo arrojó al piso con todo su contenido y dijo: «No me chingues más; ¿es lo que quieres, es lo que quieres?”.
Enseguida tomó un jarrón de artesanía y lo tiró fuera de la barra, para seguir diciendo:
«No me chingues más, y no me manden a nadie aquí a lado porque les juro que le escupo esta puta mierda; yo no actúo así, pero me chingan, y así reacciono. Soy una persona que lucha por reparar este puto mundo y me caga la gente racista, asquerosa, y tú trabajas para esta mierda de gente, eres cómplice de esta mierda”.
La querellante le decía que se calmara, pero el extranjero tomó una jarra de cristal y decía: «¿Lo rompo, lo rompo? ¿Segura? ¿Segura?”, y aventó la jarra al piso.
Luego, tomó un iPad que estaba en la parte interna de la barra y lo levantó diciendo «¿Lo rompo, lo rompo?», para seguidamente retirarse del lugar.