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–Editorial–

Por Wenceslao Uc (*)

 

Hace unos días celebramos el Día de los Muertos, o como nosotros los yucatecos le decimos “Hanal Pixan”, que traducido al español es “comida de las ánimas”, una tradición maya para reencontrarnos con los parientes y amigos que se nos adelantaron y les deseamos un buen retorno al Paraíso. La mitología maya es muy rica en deidades, como “Ixtab”, la diosa maya del suicidio.

“Ixtab” ha chambeado arduamente en los últimos años para posicionar a Yucatán en los primeros lugares a nivel nacional. Según datos del INEGI, en su informe de Estadística de Mortalidad 2020, los fallecimientos por lesiones autoinfligidas fueron 7,818, con una incidencia nacional de 6.2 (la incidencia se mide por cada 100 mil habitantes).

En Yucatán los suicidios en este 2021 fueron 244 (hasta hoy), con una incidencia de 10.2, lo que es superior a la nacional de 6.2, lo que nos posiciona en tercer lugar en suicidios en todo el país.

Lo anterior, pese a que en 2018 se publicó en el Diario Oficial del Estado la “Ley de Salud Mental del Estado de Yucatán”, para supuestamente garantizar el fomento, promoción y preservación de la salud mental en la población yucateca.

Como toda ley, es bondadosa para la población y tiene conceptos como promoción de la salud mental, universalidad en el acceso a la atención y trabajo multidisciplinario, entre otros.

La ley habla en su capítulo VII de la Atención al Fenómeno Suicida, que lo establece como un tema prioritario y toca temas como exámenes mentales enfocados a pensamientos, planes o intentos de suicidios en personas con enfermedades, depresión o cualquier otro trastorno mental, y también por uso de sustancias.

Sin embargo, de 2018 a la fecha vemos que ese número en la Ley estatal no ha tenido el impacto deseado.

Es tan grave que el 25 de octubre pasado, un niño de tan sólo 10 años de edad se quitó la vida en el municipio de Ticul. Esta terrible noticia rápido corrió en redes sociales y medios de comunicación locales, pues no era la primera nota de que personitas tan jóvenes deciden morir. Cada vez que me topo con una de estas noticias me estremece y me perturba, pues soy padre de una niña de la misma edad.

Ya son 3 los suicidios de menores de edad en Yucatán: en julio pasado, una niña de 16 años y en marzo, un niño de la misma edad. En julio de 2020 fue uno de 11 años y en 2016 una de 14.

Los chismes que se cuentan en las escarpas de Ticul hablan de las posibles razones que pudo tener el niño de 10 años para hacer lo que hizo. Los rumores hablan de varias versiones, desde aquellas que dicen que fue porque no le dieron el celular o porque no lo dejaron ir a jugar al parque.

Pero ese nené no es culpable de su decisión, sino víctima de lo que vivimos en nuestra sociedad, una sociedad que se ocupa más por ver las redes sociales que por su propio entorno. Vivimos en una sociedad ciega a los problemas personales, donde la empatía es una práctica sensitiva que con el paso del tiempo ha sido desplazada.

Los pocos estudios realizados sobre suicidas en el mundo, entre otros resultados, han determinado que ellos siempre anunciarán sus pretensiones de autoagredirse. Desde sus comportamientos habituales hasta sus publicaciones en redes sociales.

Todos estos comportamientos, si se identifican con certeza, podrían ser alertas o solicitudes de ayuda.

No imagino a mi hija con pensamientos de morir, pero el suicidio es un enemigo silencioso y difícil de detectar, así que debo estar pendiente de sus sentimientos y pensamientos.

Esta vez no reclamo tanto a la administración pública, sino reclamo a los padres de familia y a los familiares que proveen salud mental a las bendiciones.

Querido lector, sólo te puedo recomendar estar al pendiente de lo que piensan tus hijos y, si se puede, de tus demás seres queridos.

El suicidio es un problema de salud pública y queda en nuestra responsabilidad cuidarnos y observar los comportamientos de nuestras personas queridas para que este enemigo silencioso nunca toque nuestra puerta.

 

*) Licenciado en Ciencias Políticas, Maestro en Ingeniería Financiera y Diplomado en Diseño de Encuestas y Análisis Estadístico, con experiencia laboral en la Coparmex, el IPEPAC y diferentes oficinas del Gobierno del Estado.

N. de la R.: El contenido del presente artículo es una opinión personal del colaborador, que asume la responsabilidad de sus escritos, y no necesariamente representa la visión de PRESIDIO.