
Los procesos de cocción de vísceras y partes de pollo y cerdo que no son aprovechadas cubrieron de fetidez toda la capital yucateca.
Durante la tarde y noche de ayer, habitantes particularmente de Mérida, reportaron que percibieron un mal olor que invadía todo el ambiente.
Desde las cinco de la tarde y hasta pasadas las nueve de la noche los reportes de fetidez provenían de todos los rumbos de la ciudad, aunque hubo mayor énfasis en el Centro Histórico de Mérida.
El mal olor estaba presente en distintos y distantes rumbos de la ciudad, cubriendo colonias y fraccionamientos en las zonas norte, poniente, sur, centro y oriente, como Las Américas, Pensiones, García Ginerés, Granjas, Kukulcán, Esperanza. Incluso se tuvo el reporte desde Kanasín.
Mediante sus redes sociales las personas compartieron que “Mérida apesta” y manifestaban su inquietud por enterarse si era una situación general y conocer sus causas.

La percepción de la gente fue desde un olor a “plumas quemadas”, “comida echada a perder”, “basura podrida” e incluso excremento.
En el Ayuntamiento de Mérida tuvieron conocimiento de la situación y recibieron llamadas de ciudadanos preguntando sobre las causas, pero no supieron qué contestar.
Por su parte, el secretario estatal de Medio Ambiente, Eduardo Batllori, confirmó que también recibió reportes de “apeste” de lugares distantes entre sí y comenzó a indagar sobre el asunto.
La investigación llevó a PRESIDIO hasta las plantas procesadoras de alimentos, en donde se obtuvo la respuesta del origen del mal olor que cubrió toda la ciudad.
La capital yucateca está rodeada en su periferia por industrias que realizan procesos agroalimentarios y emanan fuertes olores de desechos por la matanza de animales.
Una de ellas es la planta de pollos Bachoco, que se ubica en la salida a Umán, entre otras procesadoras de aves y cerdos cercanas al Periférico, como Kanasin y Susulá, que generan desperdicios que son “secados” y pulverizados.
Sangre, vísceras, plumas, picos, uñas van a un depósito común donde se realiza su cocción, es decir, se sancochan los desperdicios para luego deshidratarlos y volverlos polvo.
La emisión de olores molestos al olfato obedeció a la elaboración de ese producto en polvo mediante un proceso de calentamiento en un deshidratador (similar a hornos de secado), a través de gigantescas tolvas que realizan emisiones a la atmósfera.
Según la explicación técnica obtenida por PRESIDIO, habitualmente esos malos olores no se perciben por la población porque las chimeneas expelen a chorro los vapores hacia alturas superiores a los 25 metros.
Sin embargo, las lluvias y el clima húmedo imperantes favorecieron la precipitación de estos olores a niveles tan bajos que fueron perceptibles para los meridanos, al estar rodeados de fábricas de alimentos para consumo humano y de animales.
«Fue una mezcla de todo», comentaron las fuentes a PRESIDIO.
Sin embargo, precisaron que esos olores no son tóxicos ni dañinos para la salud, de modo que descartaron afectaciones al organismo más que las molestias normales por el mal olor, que se fue disipando al paso de las horas.
Mencionaron que, «por ley», deben incinerar todas las partes animales que no se utilicen, un proceso que está normado por la Profepa.
En el caso de los pollos, sólo un 3% del animal no se aprovecha, de modo que los desechos de miles de aves se convierten en polvo y se envía a granjas de engorda de ganado como proteína.
Remarcaron que todos los días realizan los mismos procesos, pero en esta ocasión la ausencia de rayos solares y el ambiente húmedo durante todo el día de ayer dejaron los vapores al «nivel de nariz».