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El director de la Policía Municipal de Tzucacab, Ariel Alonso Samos Sánchez, es señalado como el autor intelectual del asesinato del ciudadano José Alfredo Chan Navarrete a manos de agentes estatales de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Yucatán.
“Fue una ejecución, sin duda”, asegura su hermano Miguel Angel, quien ayer acudió a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey) para levantar una queja contra los servidores públicos que participaron en el homicidio.
Denunció que fue el comandante Samos Sánchez, jefe de la policía del municipio, quien dio la orden de que entraran y dispararan.
PRESIDIO informó que la noche del jueves policías de la SSP mataron a tiros al tzucacabense en su propia casa, luego de allanar la vivienda. Chan Navarrete ya estaba durmiendo cuando ingresaron los agentes.
Los hechos fueron atestiguados y quedaron grabados en la memoria de los pobladores de la comisaría de Xcobiacal donde sucedió.
Testimonios de habitantes a PRESIDIO exponen que el comandante Ariel Samos, adscrito a la Policía Estatal, llegó dispuesto a matarlo.
“El dio la orden de disparar, pudimos escucharlo”, denuncian los pobladores de la pequeña comunidad de 15 familias que vieron cómo ocurrió todo.
Dijeron que desde que llegó a Xcobiacal, al comandante se le notaba prepotente y decidido.
“Oye, dónde vive José Alfredo Chan”, preguntó a su llegada a unas personas que estaban en la esquina.
Los tzucacabenses le contestaron que el asunto no era con él. “El que está echando desmadre es otro, el hermano de Silvia”, le dijeron.
Insistió en que le mostraran la casa de “Morris”, quien varios minutos antes había hecho dos disparos al aire con su carabina para ahuyentar de su propiedad a Enrique Cel Mis, quien estaba escandalizando.
Luego de ver dónde vivía, enseguida Samos Sánchez advirtió a la gente: “¡Quítense de aquí porque vamos a usar armas largas! Dejen libre la calle”.
El jefe policiaco reveló de esa manera que iba con la consigna de abrir fuego.
Luego los policías municipales encabezados por Samos se dirigieron a casa de Silvia Cel Mis, empleada municipal quien llamó al comandante, donde esperaron unos diez minutos mientras llegaban las unidades de la Policía Estatal.
“Cuando llegaron los estatales hablaron con Ariel Samos y entraron directo, no llamaron a la puerta”, aseguran los mismos vecinos.
Los policías estatales y municipales, bajo las órdenes del comandante, rodearon la propiedad con intenciones de emboscarlo en caso de que huyera.
Pero José Alfredo ni siquiera se había percatado del movimiento policial porque se encontraba durmiendo dentro de un cuartito, al fondo del terreno.
Los vecinos escucharon alrededor de cinco o seis detonaciones de arma de fuego.
Luego de que cesaron los disparos, salieron los agentes de la vivienda. “No vimos a nadie gravemente herido, pero tampoco salió con ellos Morris, a quien supuestamente iban a detener”.
Los policías municipales acordonaron la vivienda y toda la gente salía para ver lo que pasó. “El comandante no dejaba que nadie se acercara y muy prepotente los mandaba a todos sus casas”.
Sin embargo, más de una persona escuchó, cuando los agentes salían, que Samos expresó: “Ya estuvo el encargo”.
El cuerpo de José Alfredo yacía postrado en su hamaca, sobre un gran charco de sangre. Su carabina estaba a un metro de él, según la información a la que tuvo acceso PRESIDIO.
A nadie más se le permitió ingresar, sólo a los servicios periciales. Ni a su madre le permitieron verlo.
“No niego que a mi hermano le gustaba tomar las cervezas, pero no era una persona mala, ni conflictiva”, aseguró Miguel Angel. “Mucho menos era agresivo o se drogaba, como la familia causante de su muerte quiere hacer creer”.
“Si fuera así, no hubiese venido tanta gente a su funeral, de lugares distantes a Tzucacab”.

Al abundar sobre los motivos que considera tuvo el comandante para ensañarse con su hermano, Chan Navarrete se remontó un mes atrás, cuando José Alfredo se encontraba en la cabecera municipal, bebiendo en la vía pública.
Fue detenido y trasladado a las celdas del Palacio Municipal, según lo que le narró su madre.
Una vez ahí “Morris” fue sometido a torturas y abusos que acostumbra el jefe policiaco contra las personas detenidas que oponen resistencia.
Samos Sánchez lo habría golpeado en diferentes ocasiones y José Alfredo le habría dicho: “Ya me pegaste, está bien, pero cuando vayas a Xcobiacal te voy a dar en la madre”.
De ahí, presuntamente, empezó a alimentarse un rencor entre ambos, hasta su desenlace el jueves pasado.
Habitantes de la propia cabecera entrevistados señalan que el comandante de Tzucacab ha creado muchos problemas en el pueblo porque «no realiza sus funciones como debe ser y comete muchos abusos».
Sin embargo, apuntan, es persona de confianza del secretario estatal de Seguridad Pública, Luis Felipe Saidén Ojeda, quien lo nombró al frente de la Policía Municipal y encubre sus excesos.
Para Miguel Angel, el policía Donato Cupul Gutiérrez, quien hizo el disparo que mató a su hermano, sólo cumplió órdenes. “El verdadero responsable está en la calle y se llama Ariel Samos Sánchez, en complicidad con Silvia Cel Mis”, insistió.
Chan Navarrete pidió cárcel para los policías que asesinaron a su hermano en su casa e hizo un llamado a Saidén Ojeda y al gobernador Rolando Zapata Bello.
Ayer mismo la SSP reportó que el policía estatal que recibió un disparo del ahora occiso José Alfredo, logró salvar el brazo herido con escopeta luego de dos cirugías en la T-1 del IMSS.
En un boletín señaló que las heridas causadas por los perdigones «pudieron ser de peores consecuencias, de no ser porque el oficial tenía puesto su chaleco balístico».

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