
Una granja de cerdos ha vuelto «insoportable» para los habitantes de Conkal su día a día, señalan ellos mismos, por su cercanía en la zona urbana y porque, según se observa, opera con irregularidades en el manejo de los desperdicios y excrementos. Y eso se siente en el ambiente.
Ante ello, los vecinos se preguntan dónde está la actuación de la autoridad ambiental federal y estatal en este asunto que contamina la vida de Conkal.
Irónicamente, según se pudo averiguar, el dueño de la granja de cerdos es Manuel Quijano, quien será presidente de los porcicultores yucatecos y quien sería el primero en dar mal ejemplo.
La granja porcícola que incomoda a Conkal está en la comisaría Santa María Rosas, comunidad que estaba rodeada de monte y caminos de terracería. Hoy, el crecimiento urbano del municipio ha reducido las distancias: las casas se acercaron, la mancha urbana avanzó y, con ella, este problema que ya no se puede ignorar.
A unos 500 metros del centro del municipio, la granja porcícola se hace notar por la fetidez.
Se investigó que pertenece a Manuel Quijano, empresario ampliamente reconocido en la región y propietario de Gal Porcícola, firma que opera diversas unidades de producción en el estado.
Vecinos de Santa María Rosas y del propio Conkal aseguran que, en los últimos meses, el olor que emana de la granja se percibe incluso en el centro del municipio, sobre todo en determinadas horas del día.
“Es un olor fuerte, como a drenaje y animales. Hay días en que no se puede ni respirar”, relata una vecina entrevistada.
“A mí me provoca náuseas, mareos. A veces hasta ganas de vomitar”, comenta otra señora.
Sus testimonios coinciden en que la pestilencia no es esporádica, sino recurrente.
Al revisar imágenes aéreas de la zona se detectaron charcas irregulares, ubicadas al oeste de la charca de oxidación principal de la granja.

De acuerdo con personas que han analizado estas imágenes, dichas charcas no corresponderían al sistema formal de tratamiento de aguas residuales, por lo que podrían tratarse de descargas irregulares y posiblemente la causa de los olores pestilentes que afectan a la población.
Hasta ahora no se tiene conocimiento público de reparaciones, clausuras internas o correcciones visibles en esas zonas señaladas.
Dichas charcas aparecieron quizá entre marzo y abril del año pasado, puesto que las imágenes anteriores a esas fechas no muestran los cuerpos de agua irregulares.
Entre los habitantes de la zona circula una versión constante: que el propietario estaría por cerrar la granja, precisamente porque la expansión urbana de Conkal la dejó demasiado cerca de la población, y que por esa razón habría dejado de invertir en mantenimiento e infraestructura ambiental.
Esta información no ha sido confirmada, pero para los vecinos explicaría el deterioro de las condiciones sanitarias y ambientales.

El caso cobra especial relevancia porque el próximo 29 de enero, Manuel Quijano tomará protesta como presidente de la Asociación Porcícola de Yucatán, organismo que promueve las mejores prácticas en el manejo, sanidad y sustentabilidad de la industria porcícola en el estado.
Pero para los habitantes afectados, la situación resulta contradictoria. “Si se promueven buenas prácticas, ¿por qué aquí nadie arregla el problema?”, cuestionan.
“No estamos en contra del trabajo, pero sí de vivir respirando esto todos los días”, agregó otra entrevistada.

Especialistas en manejo ambiental consultados explican que, si existen charcas irregulares o fallas en el sistema de oxidación, la solución pasa por:
Reparar y sellar las charcas no autorizadas,
Optimizar el tratamiento de aguas residuales,
Evitar descargas que generen gases y olores,
Y transparentar el cumplimiento de la normatividad ambiental vigente.
Mientras eso no ocurra, el olor seguirá ahí, invadiendo calles, casas y haciendo insoportable la vida cotidiana de Conkal.